Vecinos invierten en tecnología para evitar robos en edificios de departamentos

Identificación con huella digital en los accesos son algunas de las nuevas medidas.

Víctor Pérez (42) es abogado y desde hace un mes arrienda un departamento en calle Lira, en la comuna de Santiago. Dejó su antigua vivienda en calle República para estar más cerca de su trabajo y para que su hija, estudiante de animación, resida más cerca de la universidad. Los gastos comunes que cancela ahora son mucho más altos que los anteriores, pero dice está dispuesto a hacer el sacrificio, pues reconoce que el nivel de seguridad en los edificios de la capital está directamente relacionado con los recursos que las comunidades están dispuestas desembolsar.

En el otro departamento todo era más artesanal, basado en la amistad o en el conocimiento que tenían los conserjes de la gente que ahí vivía o sus visitantes. Ahora hay más anillos de control, ya sea con personas o puertas con tarjetas magnéticas. De todas maneras me siento más seguro”, afirma.

Cámaras de seguridad y tarjetas magnéticas son algunas de las medidas que los condominios han instalado para aumentar la seguridad. Otros han ido más allá.

En un edificio del centro, ubicado en Santa Isabel 353, sus habitantes optaron por un sistema de control biométrico para ponerle fin a los robos, que incluso afectaron varias veces a un mismo propietario. Sólo los vecinos y el personal de servicio están enrolados y con su huella digital pueden ingresar a los pasillos del inmueble.

biometrico

Este sistema lo encuentro muy bueno, lo pusieron hace una semana y nos registramos de inmediato. Al menos una se siente más segura. En general, encuentro que igual  la gente es muy confiada, especialmente los más jóvenes. Tengo vecinos que son olvidadizos y dejan las llaves puestas, o cuando entran el auto no esperan a que se cierre el portón. Y el ladrón, cuando ve una oportunidad, se mete”, comenta María Eugenia Mery, vecina que reside en un departamento ubicado en el cuarto piso.

Para Leonel Sánchez, el administrador del edificio, este sistema ha permitido un mejor filtro en el ingreso. “Como está instalado al interior del edificio, en una nueva mampara, a continuación del mesón del conserje”, describe.

Según plantea Aníbal Ahumada, presidente del Colegio de Gestión y Administración Inmobiliaria, la mayor vulnerabilidad de los edificios es la desidia de los propios residentes.  “Es increíble que en los mismos lugares que han robado, ocurran más robos porque alguien cortésmente le abre la puerta a un extraño, no ponen doble chapa a la puerta, se molestan porque el conserje pide el rut a sus visitas, dan información confidencial o personal a gente que llama por teléfono .Y si existen cámaras de seguridad, algunos  no autorizan las mantenciones o reparaciones de estos equipos”, cuenta Ahumada.

cierre porton

Lo anterior es apoyado por Jorge Lee, presidente de la Comisión de Seguridad de la Cámara Nacional de Comercio, quien detalla que “mucha veces se opta por lo más barato y no por las medidas de seguridad que realmente se necesitan. Para evaluar riesgos y determinar el mejor sistema en cada edificio, hay especialistas  que hacen esa asesoría”.

Prevención

De acuerdo a las estadísticas de Carabineros los robos a lugar habitado en el primer trimestre de este año llegan a 15.372 en todo el país, con una disminución de un 2,2% en relación a la misma fecha del 2014. Para la autoridad el problema no radica en lo avezados o inteligente de los ladrones, sino “en las vulnerabilidades que nosotros como propietarios les entregamos”, según dice el comandante José Muñoz, jefe de operaciones del departamento de seguridad privada de Carabineros.

La seguridad de la puerta hacia dentro es privada, o sea es responsabilidad de cada propietario. En ese sentido, una medida no es suficiente, los vecinos también tienen que organizarse, compartir número de teléfonos y, entre todos, cuidarse. Y sobre trabajar desde la prevención, para no tener que reaccionar cuando el delito ya fue cometido”, agrega.

Muñoz añade que para ello, por norma, cada comunidad tiene que tener un protocolo de seguridad establecido  en su reglamento interno y sus conserjes tienen que estar certificados como guardias de seguridad. El contar con estas  medidas pueden ser fiscalizadas por Carabineros, con multas que van desde los 5 a 40 UTM (entre $ 217.495 y $ 1.739.960).

La principal falla en los edificios es el recurso humano. La labor del conserje es exclusivamente resguardar la seguridad en el control de acceso, no andar limpiando o llevando bolsas. Hay que profesionalizar su labor,  no todos tienen el curso de OS-10”, puntualiza Pedro Valdivia, director de asesorías de Securitas Chile.

Fuente Diario La Tercera