La escasa capacitación de conserjes en seguridad hace vulnerables los edificios

Abre un cuaderno, toma un lápiz y anota. Luego llama y espera que el propietario le dé el permiso para que la visita suba. De lunes a sábado, Luis Sepúlveda (64) registra a cada persona que visita el edificio, ubicado en Providencia, en el cual trabaja como conserje hace 43 años. Es la medida de seguridad básica que utilizan para evitar robos los más de 50 mil conserjes que trabajan en Santiago.

Un resguardo que les ha traído problemas. “A veces, el trabajador se ve impedido de cumplir con el control de rigor, porque hay residentes que se molestan que les controlen a sus visitas e increpan al conserje por haberlo hecho“, declara el presidente del Colegio de Gestión y Administración, Aníbal Ahumada.

Para ser portero y resguardar a la comunidad hay que cumplir una normativa. “Si un edificio contrata a una persona para que cumpla funciones de seguridad, esta debe tener realizado un curso especializado y acreditado por el OS-10 de Carabineros“, dice el jefe de operaciones de este organismo, comandante José Muñoz.

Noventa horas en quince días y $120.000 es la duración y precio que cuesta realizar el curso para ser conserje. La capacitación la realizan 105 entidades privadas aprobadas por la policía, las cuales enseñan a manejar las cámaras, prevenir el delito y captar situaciones sospechosas. “En los últimos tres años, más de mil personas han sido capacitadas por nosotros“, dice Rafael Escobar, director general de la Escuela de Servicios Caleu, empresa especializada en dar el curso.

Desde septiembre de 2014, la policía fiscaliza para que esto se efectúe. Si las reglas no se cumplen, las multas van desde $1.100.000 a $6.500.000. Muchos administradores de edificios evitan esta regla. “Si roban un departamento, la culpa no es del conserje, es del comité de administración. Ellos están a cargo de entregarles las herramientas, pero ven el curso como un gasto, no como una inversión“, dice Pedro Valdivia, coronel (r) de Carabineros y asesor de seguridad.

Un diagnóstico similar tiene Ahumada: “La gran mayoría de las comunidades no cumplen con esta exigencia, porque no quieren invertir cien mil pesos y prefieren arriesgarse a pagar multas que superan los tres millones de pesos por cada trabajador“. Un error. En la comuna de Providencia, del 100% de robos en lo que va del año, la mitad corresponde a edificios, asevera el comandante Claudio Valencia, comisario de la 19a comisaría de Carabineros. Los registros de las cámaras muestran cómo los delincuentes entran y salen sin ninguna intervención del conserje.

Con la acreditación se evita que delincuentes lleguen a ocupar puestos de conserjes para datear a ladrones, aprovechando su situación privilegiada“, agrega el comandante Muñoz.

El dilema de registrar

El conflicto surge cuando el trato de los propietarios a los conserjes es incorrecto. Los pasos de seguridad enseñados en los cursos no se realizan. “Los conserjes no se preocupan, muchas veces, de la seguridad de los departamentos, porque es tan malo el trato que reciben de parte de los propietarios, que les da lo mismo que les roben. No toman nota de las visitas“, expresó el presidente del Sindicato de Conserjes de Santiago, Gabriel Córdova.

En 1972, cuando Luis Sepúlveda llegó a trabajar como conserje, no tenían que realizar registro. La gente entraba y salía, y no había problemas. Con la llegada del citófono, a comienzos de los 80, todo cambió. “Empecé a registrar, hasta que un día los propietarios alegaron por tantas preguntas que realizaba por seguridad“. Las visitas se cansan de esperar que los anoten uno por uno. Agregó que “registrar es un problema, porque mientras escribes, puede ingresar un delincuente“.

Por decisión del comité de administración del edificio, desde el año pasado volvió a utilizar el registro. Pero no le gusta.

Fuente: El Mercurio 09/03/15